Es normal que a los niños pequeños les cueste permanecer en una sola actividad. Su cerebro todavía está desarrollando habilidades como la atención, el control de impulsos y la autorregulación. Además, están hechos para explorar: algo se mueve, suena o aparece y quieren descubrirlo.
Eso no significa que debamos exigirles que se queden quietos durante largos periodos. Podemos ofrecer experiencias breves, interesantes y adecuadas para su edad, acompañarlos al principio y dejar que poco a poco sostengan el juego durante más tiempo.
¿Por qué los niños pequeños se distraen con facilidad?
- Su capacidad de autorregulación está en formación. Todavía necesitan ayuda para manejar impulsos, frustraciones y cambios de actividad.
- La curiosidad los mueve. Pasar de un objeto a otro es también una manera de conocer el mundo.
- Necesitan movimiento. Para muchos niños pequeños, tocar, caminar, cargar y cambiar de posición es parte del aprendizaje.
- La dificultad importa. Si una actividad es demasiado fácil, aburre; si es demasiado difícil, puede generar frustración.
- El ambiente compite por su atención. Ruido, pantallas, hambre, sueño o demasiados juguetes visibles pueden hacer más difícil concentrarse.
No existe un número de minutos que funcione como regla para todos. La edad orienta, pero también influyen el temperamento, el descanso, el interés y la familiaridad con la actividad. Es más útil observar si el niño vuelve al juego, prueba otra estrategia o pide ayuda que medir cada minuto.
Cómo acompañar sin presionar
La constancia ayuda, pero no necesitamos convertir cada actividad en una obligación diaria. Podemos elegir un momento tranquilo, guardar parte de los juguetes para reducir distracciones y empezar jugando juntos. Cuando el niño esté involucrado, nos retiramos un poco sin desaparecer por completo.
Si un día no funciona, no significa que la actividad haya fracasado. Tal vez estaba cansado, tenía hambre o necesitaba moverse. Probamos de nuevo otro día, acortamos la propuesta o cambiamos el material.
6 actividades para mejorar la concentración mediante el juego
1. Leer libros juntos

Esta es una de mis actividades favoritas, y entre más temprano empecemos, mejor. Podemos introducir la hora del cuento desde los primeros meses con libros de imágenes grandes. Al principio no es necesario leer cada palabra: describimos lo que vemos. “Veo un ratón, una pelota y una flor”. Con el tiempo ampliamos las frases y hacemos preguntas.
La lectura compartida crea un foco común entre el adulto y el niño. Además de sostener la atención, ofrece vocabulario, conversación y cercanía.
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2. Jugar con pegatinas y notas adhesivas

A partir de los 18 meses, pegar y despegar adhesivos puede convertirse en una actividad sencilla de motricidad fina. Usa pegatinas grandes y supervisa siempre para evitar que se las lleven a la boca.
Podemos pegarlas dentro de un círculo, agruparlas por color o llevarlas de una hoja a otra. La meta no es que quede perfecto, sino permitir que repita el movimiento y descubra cómo funciona.
3. Construir con bloques

Los bloques son juguetes abiertos: no existe una única manera correcta de usarlos. Desde los 12 meses podemos apilar dos o tres piezas, derribar una torre y volver a empezar. Más adelante aparecen los puentes, casas, patrones, clasificaciones y problemas de equilibrio.
Estas actividades también introducen conceptos matemáticos sin convertirlos en una lección: alto y bajo, más y menos, formas, colores y cantidades.
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4. Inventar juegos con tarjetas

Podemos empezar con pocas tarjetas. Nombramos cada imagen, imitamos el sonido de un animal o buscamos en la casa un objeto del mismo color. Con niños más grandes se pueden inventar historias, ordenar secuencias o esconder las tarjetas para hacer una búsqueda del tesoro.
Evita mostrar muchas de una vez. Es mejor terminar cinco tarjetas con interés que completar veinte mientras el niño ya quiere hacer otra cosa.
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5. Pintar con acuarelas

Pintar invita a disminuir el ritmo, observar lo que ocurre al mezclar colores y practicar la coordinación mano-ojo. Para los más pequeños funcionan bien las acuarelas no tóxicas, una brocha gruesa y cartón o papel grande.
No hace falta dirigir el dibujo. Podemos acompañar con comentarios sencillos: “veo que mezclaste azul y amarillo” o “ese trazo llegó hasta el borde”.
6. Jugar con plastilina

La plastilina ofrece resistencia, textura y muchas posibilidades. El niño puede amasar, aplastar, hacer bolitas o esconder objetos grandes. A medida que crece añadimos rodillos, cortadores y cuchillos plásticos.
Elige plastilina no tóxica, acompaña siempre la actividad y espera hasta que el niño haya dejado la etapa de llevarse materiales a la boca.
Pantallas: menos interrupciones y más juego compartido
No toda pantalla es igual, pero el contenido de reproducción automática y estímulos constantes puede desplazar el sueño, el movimiento, la conversación y el juego. Más que buscar una regla perfecta, conviene revisar la calidad del contenido, el momento en que se usa y si un adulto acompaña.
Crear momentos sin dispositivos —por ejemplo durante la comida, la lectura o el juego— facilita que adultos y niños compartan la atención. Un rincón tranquilo y una selección pequeña de juguetes pueden ayudar más que tener todo disponible al mismo tiempo.
Una última idea
Mejorar la concentración no consiste en lograr que un niño permanezca inmóvil. Se trata de ayudarlo a involucrarse, explorar una idea, tolerar una pequeña dificultad y regresar al juego. La paciencia importa más que el cronómetro.
Para ampliar: el Center on the Developing Child de Harvard explica cómo se desarrollan la autorregulación y las funciones ejecutivas. La American Academy of Pediatrics ofrece recomendaciones actuales para acompañar el uso de medios digitales.

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